sábado 7 de noviembre de 2009

Hugo Burel: El desfile salvaje (Alfaguara) + entrevista


Libros de arena

El desfile salvaje

Autor: Hugo Burel
Precio: $ 69
Colección: Hispánica
Sello: Alfaguara
Págs: 400

3ª Edición



En El desfile salvaje se respira un umbral. Perdón, pero me encanta decirlo/escribirlo de esta manera. El límite entre uno y el/lo otro. El recuerdo, también y sobre todo, como espejo (distorsionante) del pasado.
Una muerte, y no cualquier muerte. Justo la de aquel que tanto recordamos, que tanto queríamos, que mucho odiábamos. Un poco de todo. Y todos juntos de nuevo, gracias al velorio. Los amigos otra vez. Pero con muchos años encima. El recuerdo, decíamos, como consecuencia.
Allí, entonces, la novela de Hugo Burel. Justo en el umbral, en el abismo de la memoria y sus arenas movedizas. La aventura del adentrarse, del animarse al otro lado del espejo. Y qué mejor que el tono noir como compañía literaria: la voz introspectiva, las dudas, las piezas de puzzle que no encajan, el misterio, el suspense consecuente.
Son muchos los asuntos que quedaron sin arreglar. La muerte no termina de cuajar nada. Queda mucho por recordar, por reencontrar, por rastrillar. Por animarnos al reencuentro, en última instancia, con uno mismo.

Escritor uruguayo de amplia trayectoria, Hugo Burel es también el autor de El corredor nocturno, novela también editada por Alfaguara, y que conoce la reciente traslación al cine de manos del director Gerardo Herrero, con los protagónicos de Leonardo Sbaraglia y Miguel Ángel Solá.
Hablamos en Linterna Mágica con Hugo Burel. Dialogamos acerca del vínculo cine y literatura, sobre Borges, de la pasión por el cine, de la novela noir, de los juegos de espejos y, con mucho gusto, acerca de las malas y malvadas mujeres de la pantalla (ésas que tanto nos gustan).

Entrevista realizada en Linterna Mágica el 30/10/2009
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The Nightmare Before Christmas Radio Dossier (1993, Henry Selick)


I. Radio Comentario

Film de culto. Más le pasa el tiempo y mejor sabe. Desde aquí nuestra admiración a este film -creo no arriesgar- maestro. Tanto es así que toda una iconografía inspirada por los diseños de Tim Burton se ha vuelto fácilmente reconocible. Más una banda sonora (Danny Elfman) que nuestros reproductores hacen sonar una vez y otra, casi tantas como las veces -y las excusas- que encontramos para volver a verla y, claro, hablar de ella.

Emitido en Linterna Mágica el 06/11/2009
Intervienen: Milano, Bendersky, Arteaga.

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II. Palabras para el 3D

Un mundo de pesadillas donde soñar

Cuando El extraño mundo de Jack se estrenó en nuestros cines, no había demasiada expectativa ni consideración hacia una de las películas de culto más jóvenes de los últimos tiempos. Su permanencia en cartel fue mínima. Sólo quienes comenzaron a seguir el derrotero de Tim Burton sabían del film, de sus vicisitudes, del desdén inicial de los estudios Disney y del “venga, por favor, tenemos un viejo proyecto suyo en carpeta”.
Para ese entonces, Burton –cuyos primeros pasos en animación desarrollara en Disney para luego abandonar- había desbordado la taquilla con Batman (1989) y filmado uno de sus mejores títulos hasta la fecha: El joven manos de tijera (1990). Pero fue el éxito de Batman lo que propició el recuerdo oportunista de Disney y la posibilidad, para Burton, de devolver la gloria del stop-motion a la gran pantalla. Es decir, la animación cuadro a cuadro con muñequitos y maquetas, artesanía cuya gala desenvolvieran los maestros Willis O’Brien (King Kong) y su discípulo dilecto Ray Harryhausen (la saga de Sinbad, entre tantas otras maravillas).
Y si bien, y con justicia, El extraño mundo de Jack es considerado un film burtoniano (y ya veremos porqué), la dirección estuvo a cargo de Henry Selick (luego responsable de Jim y el durazno gigante y de la reciente Coraline), más la autoría musical insustituible que significa la partitura de Danny Elfman, habitual colaborador de Burton. Vale decir, El extraño mundo es admirable también porque Elfman participa. Su música es indisociable, así como magistral, respecto del mundo melancólico de Jack Skellington.
Jack, Rey de Halloween, recorrerá el mismo derrotero que los demás personajes del cine de Tim Burton. Como si se tratase de una necesidad existencial, vital, los antihéroes burtonianos –Edward Scissorhands, Batman, Ed Wood, el jinete decapitado- culminan por ratificarse desde el margen social, desde la soledad que intentan, en vano, abandonar. Así como también podemos agregar que el proceder burtoniano, en sus mejores films, no deja de ser dialéctico. Hay un momento en El extraño mundo… donde Jack, luego de esquivar los misiles militares que recibe como recompensa, decide tirar el disfraz navideño y, finalmente, volver a su esencia: “No entiendo la Navidad”, se queja.
Y es por eso que decide festejarla, para ver qué ocurre, por qué son todos tan felices, qué es lo que anida detrás de tantas luces de color. Más aún cuando Sandy Claws (o Santa Atroz, relectura perversa del “bueno” de Santa) no duda en dejar sin regalos a quienes se portan mal, a la par de máximas tales como: “¿No escucharon acerca de la paz, acerca de los hombres de buena voluntad?”. “¡No!” responden entre risas diabólicas los pequeños Lock, Shock y Barrel, mientras lo secuestran y meten a un foso de muerte.
Los disparos, decíamos, ahuyentarán a Jack para devolverlo a su lugar de origen. Lo mismo ocurría, recordemos, con Edward (bajo la tez cadavérica y expresionista de Johnny Depp) en El joven manos de tijera, con aquel final frankensteiniano, con turba incluida, y reclusión final en un castillo encantado, gótico, capaz de sueños. Morada de donde salir para, finalmente, volver. Es ése el lugar propio, nunca el pueblo de maquetas y maquillaje barato que intenta seducir a Edward. Así como con Batman y su cueva de pesadillas, o Willy Wonka y su fábrica de chocolates, o Jack Skellington y su tierra de noches de brujas.
Los films de Tim Burton han dado pie a un mundo de sueños pesadillescos, de brumas expresionistas, de personajes macabros y adorables. La misma iconografía de Jack y la Tierra de Halloween se ha vuelto característica, referencial. Aún sin haber visto el film, cualquiera puede reconocer los personajes. Pero, eso sí, no cualquiera podrá aullar junto con ellos (el lamento del licántropo tras la derrota de Jack es emoción pura). Porque para ello hace falta ánimo suficiente como para abandonar el pueblito de maquetas y sus libustrines siempre cuadrados (¿recuerdan cómo Edward con sus manos-tijeras los recortaba con formas de dinosaurios?).
El mundo extraño de Jack de vuelta en la pantalla grande y con la excusa extra del 3D. Con la magia de los anteojitos, Jack se nos vuelve todavía más cercano, tanto su cráneo de sonrisa macabra como su pesar sombrío y romántico (elementos que el “querido” Santa Claus/Papá Noel se ha empecinado en nunca permitirnos conocer).

El extraño mundo de Jack
(The Nightmare Before Christmas)
EE.UU., 1993. Dirección: Henry Selick. Guión: Michael McDowell, Caroline Thompson, a partir de la historia de Tim Burton. Música: Danny Elfman. Fotografía: Pete Kozachik. Montaje: Stan Webb. Voces: Danny Elfman, Chris Sarandon, Catherine O’Hara, William Hickey, Paul Reubens, Glenn Shadix. Duración: 76 minutos.

lunes 2 de noviembre de 2009

Filmatrón (Pablo Parés, 2007)


Filmar la bizarra
y delirante verdad


Filmatrón
Argentina, 2007. Dirección y guión: Pablo Parés. Guión: Pablo Parés. Montaje: Pablo Parés, Esteban Rojas, Diego Briata, Gastón Inaui. Fotografía: Diego Echave. Música: Alejandro D’Aloisio. Intérpretes: Walter Cornás, Laura Azcurra, Ricardo Chiesa, Berta Muñiz, Paulo Soria, Esteban Prol, Ignacio Huang.


Farsa Producciones tiene una trayectoria que ya es vasta, marginal, comercial, y también, admirable. Porque Filmatrón no tiene desperdicio. Y si bien es un estreno “demorado” –que felizmente la sala Arteón (Rosario) nos posibilita- habrá que recordar, por eso mismo, que fue ganadora del premio del público en el Bafici 2007 y en el Festival Buenos Aires Rojo Sangre del mismo año.
¿Y qué es Filmatrón? Es una mezcla alucinada de ciencia-ficción, distopía, superhéroes, historietas, dibujos animados y, sobre todo, pasión por filmar. El futuro se nos presenta mal. Un gobierno despótico y autoritario sustituye alimentos básicos por réplicas incomestibles, adoctrina desde academias vetustas, y nos adormece con programas televisivos idiotas. El Gordo Héctor (el incombustible Berta Muñiz) es el Gran Hermano en esta aventura imposible. Su prédica de afecto se preocupa porque ingiramos basuras de todo tipo: culinarias o televisivas, da lo mismo.
Ahora bien. El rebelde de veras. Aquél capaz de dar a conocer lo que ocurre realmente porque, como reza el mismo film (todo un hallazo): “la gente tiene derecho a que le digan lo que no quiere oír”. El rebelde, decíamos, es el último director de cine independiente. Capaz de dar cuenta de la verdad a través de la última cámara hogareña. Arma letal. Móvil de la ira peor y persecutoria del régimen de facto. Herramienta de trabajo que pasa de mano en mano, de generación en generación. Hay que contar lo que la gente no quiere oír. Al fin y al cabo, repetimos, están en su derecho.
Y aquí es donde Farsa es capaz de autoparodiarse. Porque cuando vemos el resultado de estos films no podemos menos que asociar y recordar joyas Z de la productora como Plaga Zombie (1997) y sucedáneos similares. En este sentido, Filmatrón es herencia fílmica de Farsa pero, sobre todo, superación cinematográfica. Posee un nivel narrativo brillante, en función de –estimamos- recursos presupuestarios justos. Más un disfrute que se percibe desde la pantalla. Estos chicos la pasan bien; porque filman, la pasan bien. ¿Cómo no contagiarse?
Sin necesidad de prédica alguna, Filmatrón pierde a sus personajes en las ganas de hacer una película. En el laberinto, a veces desesperado, que significa. Para ello está también –y qué bien plasmado- el peregrinar por pasillos eternos, circulares, en busca del subsidio. Burocracias que terminan con tantos proyectos en la basura. La necesidad, entonces, de autofinanciar, de buscar paralelamente, de filmar como sea.
Con ese ímpetu, como consecuencia, dos cosas: poner en jaque al régimen dictatorial y, sobre todo, permitirnos ver una película jovial, bizarra, divertidísima. Piñas, patadas, sangre bien roja, condimentos escatológicos, diálogos de viñetas. Lo que el cine de Farsa ha cultivado se da cita en Filmatrón como corolario que promete su “continuará”. Toda una celebración.

lunes 26 de octubre de 2009

Identidad sustituta (Surrogates, Jonathan Mostow, 2009)

Una falla en el sistema

Identidad sustituta
(Surrogates)

EE.UU., 2009. Dirección: Jonathan Mostow. Guión: Michael Ferris, John Brancato, a partir del comic de Robert Venditti y Brett Weldele. Fotografía: Oliver Wood. Montaje: Kevin Stitt.Música: Richard Marvin. Intérpretes: Bruce Willis, Radha Mitchell, Rosamund Pike, Boris Kodjoe, James Francis Ginty, James Cromwell. Duración: 88 minutos.



Debo decir, particularmente, que el tema del “doble” me fascina. Desde tantos aspectos como sea posible. Qué mejor que pensarlo, en primera instancia, desde la sombra, desde el desdoblamiento oscuro, desde el otro yo. Las del cine expresionista alemán, tal vez, hayan sido las primeras sombras del cine en cobrar vida propia –conforme al historial demoníaco y seductor de su cultura-, para luego cruzar el océano y habitar las calles con lluvia del mejor Hollywood. El Hollywood noir. El desdoblamiento oscuro supo provocar, también, los mejores personajes de la ficción popular. Allí, entonces, Batman, morador de tinieblas oculto tras el rostro filántropo de un millonario aburrido.
La ciencia ficción traerá una nueva manera de hablar de lo mismo. Con otros problemas, con otras tecnologías, el robot aparece, gracias a plumas como las de Asimov, Bradbury, Dick, como lugar social ideal, como ámbito de problematización. El robot como esclavo sin alma, como objeto vuelto sujeto, como lugar de rebelión, como umbral de una virtualidad social completa. Baste señalar a Blade Runner (1982) como el mejor de los films sobre estas temáticas, además de ser tan noir como el mejor policial de los años cuarenta. Una obra maestra.
Matrix (1999) será la encargada de reemplazar, de modo dual, la sociedad entera. El oxímoron “realidad virtual”, cómo decirlo, existe. Aletargada en el seno tecnológico-materno que hubo de crear, la humanidad descansa su sueño eterno. La advertencia de J.G. Ballard es cierta: “vivimos en un mundo gobernado por ficciones de la más diversa índole: la producción en masa, la publicidad, la política conducida como una rama de la publicidad, la pantalla de TV” (…) “La ficción ya está aquí. La tarea del escritor es inventar la realidad.”
Y si bien Identidad sustituta no es un film maestro ni transgresor, su plasmación de este mundo doble, habitado por réplicas maquilladas y frías -mientras dormimos sueños virtuales y carcelarios en nuestros hogares-, nos devuelve este espejo de reflejos falsos. Las telepantallas (televisores murales, casi tan grandes como los actuales) del Fahrenheit de Bradbury reviven en el aislacionismo social y su narcolepsia.
Bruce Willis –o su doble- es el agente Tom Greer, encargado de dar con el paradero de un arma capaz de aniquilar al sustituto junto con su titiritero humano. Pero cuando la investigación lo exceda, Greer deberá entonces salir del placer de su hogar para enfrentar el mundo exterior. Ahora los golpes duelen y la muerte se respira más cercana, mientras un grupo terrorista, liderado por un negro/rastafari/árabe, amenaza con erradicar de una vez por todas este mundo de ilusiones.
Y si bien el film es convencional, tanto como su desenlace (seguimos extrañando el aura Blade Runner), tiene la virtud, por lo menos, de plasmar un momento antológico: la “boutique” de embellecimiento quirúrgico-facial, con su musiquita aborrecible y de consultorio, es un hallazgo. Allí acomodan, para el gusto del usuario, tantos pómulos como labios sean necesarios.

sábado 24 de octubre de 2009

Radio Dossier: Elogio a Vincent Price


San Vincent
:


¿Qué más podemos decir que no te hayamos dicho? ¿Cómo más expresar la admiración que nos provocas?

Aquí, entonces, nuestra declaración de fe imperecedera. Acólitos para siempre en la verdad cormaneana de colores caídos del cielo.







Intervienen (con ofrendas): Arteaga, Bendersky, Tolj.

Emitido y pontificado por Linterna Mágica el 23/10/2009

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Vincent
Price Radio Dossier

Diego Sabanés: Mentiras piadosas (entrevista)


El juego entre lo familiar y lo inquietante



En el suplemento Radar del 18 de agosto, Rodrigo Fresán desvivía su comentario de elogios hacia Mentiras piadosas, primer largometraje de Diego Sabanés, a partir del cuento La salud de los enfermos de Julio Cortázar. Un gusto de ganas nos quedó latiendo y esperando por el estreno en nuestra ciudad. De mutuo e irresistible acuerdo con mi amigo y mentor Emilio Bellon, entonces, el diálogo con el director.


-¿Cómo asumiste la relación entre literatura y cine?

-Sentí que en Cortázar había un material muy potente para una película. Creo que lo interesante es cómo él siempre encuentra una especie de fondo difuso bajo la superficie de las cosas. Como cuando en invierno vas a una quinta y hay una pileta sin vaciar, con las hojitas y el agua estancada; y abajo no sabés si hay musgo, una paloma muerta, o el marido de la vecina que hace tres meses están buscando. Hay algo ahí que no sabés del todo muy bien qué es. Ese doble juego entre lo familiar y lo inquietante es lo que pensé podría hacer una buena película. Alejandro, en el cuento, muere en un accidente de tránsito, pero pensé en qué pasaría si la familia no supiera lo que realmente pasó, en alimentar la incertidumbre y que se construyera esta especie de aventura imaginaria de él en la distancia; dejar de lado la certeza del ocultamiento de su muerte a favor de la incertidumbre sobre su paradero real. A mí me parecía que esto era mucho más cortazariano.

-De hecho, el desenlace del cuento es ambiguo.

-Es muy sutil. Para capturar el espíritu de esa línea final hice toda una escena entera. La fuerza de la palabra de la literatura es muy difícil de traducir.

-Me gusta esto de ser fiel con “lo espiritual”.

-Absolutamente, y no serlo desde lo literal o ilustrativo. Nunca traté de filmar el cuento, sentí que había una historia y escribí un guión. Traté de abrir puertas hacia cosas sugerentes, que el lector pudiese completar. Y también creo que en Cortázar es muy importante su humor, en otras versiones sobre su obra se capturó más el aspecto psicológico o el tono solemne, pero se dejó de lado el sentido del humor. Hay algo de su escritura, en algunos de sus textos, que es muy irónico y que no muchas veces se aprovechó.

-Se nota un trabajo de guión muy intelectual, que no afecta en absoluto las actuaciones, al contrario, son muy verosímiles.

-Trabajamos mucho desde lo vincular, jugando un poco con las improvisaciones y con cómo era la vida en esa casa. Hay una especie de apertura al juego, cosa que Cortázar habilita desde su literatura. Hay un montón de escenas que no existen para la película pero sí para los personajes. Al contar con gente talentosa, que te aporta, se genera algo mucho más fuerte que el mismo guión. La película parece antigua porque utiliza recursos narrativos aparentemente en desuso, pero me pareció que ese anacronismo tenía que ver con el encierro y con el negarse a ver ciertas cosas para generar, así, una suspensión temporal. Para equilibrar, en los flashbacks utilicé un criterio completamente moderno: cámara en mano, colores distorsionados, cortes sobre el eje. Si bien la película empieza siendo más costumbrista, la cámara comienza a perder sus movimientos iniciales, las oraciones pierden verbos, la música se empieza a llenar de sonidos distorsionados. Como si la película fuera desgajándose, para terminar con la cámara fija y sin música. Quería concentrarme en lo contenido del cuerpo, en una época donde no había determinadas licencias para el contacto físico. También hay una doble interpretación: los actores están representando personajes que a su vez representan otra situación. Creí también importante que esa familia de la ficción, de alguna manera, fuese real. Para mí Marilú Marini, que es un ícono de los ’60, del Di Tella, la danza contemporánea y la vanguardia, fuese la madre de dos actores del teatro independiente de los ’90 (Claudio Tolcachir y Paula Ransenberg), y que la abuela fuese Lydia Lamaison, que es del teatro clásico; y que Walter (Quiróz), que tiene más exposición mediática, integrara la familia para darle una vuelta distinta, y que Víctor (Laplace) fuese su padre, y que la tía (Claudia Cantero) sea alguien que viene de otra formación, que trae una cosa fresca a la familia y con mucho humor.

Ver nota en Rosario/12 (12/10/2009)

Tierra sublevada: Oro impuro (Pino Solanas, 2009)


El dolor de la tierra malherida



Tierra sublevada, parte 1: Oro impuro
Argentina, 2009. Dirección, guión, voz en off: Pino Solanas. Imagen y cámara: Rino Pravato, Mauricio Minotti, A. Fernández Mouján, Pino Solanas. Montaje: Alberto Ponce, Pino Solanas. Duración: 91 minutos.




Subrayemos, desde el inicio, la celebración festiva que supuso la primera función de Cine El Cairo el jueves 15 de octubre. Las localidades se agotaron, el hall de ingreso rebosaba de gente y diálogo, la presencia de Pino Solanas, la calidad impecable de la proyección en 35mm, ¡y los avances! Antes del film de Solanas, los trailers nos prometieron: El último verano de la boyita, de Julia Solomonoff, y Una semana solos, de Celina Murga. Ambas víctimas de una sombría única semana de exhibición comercial. El Cairo las rescatará para la pantalla grande y, ya que estamos, ojalá también ocurra lo propio con ese gran film que es Mentiras piadosas, de Diego Sabanés, también opacado por la misma lógica comercial. Un cine público, qué bien.
Y sin dudas que son estos motivos los que han decidido a Solanas a estrenar su film en dicha sala. El Cairo cumplió así un rol fundamental: dar cabida a un título demorado en exhibición, y posibilitar el contacto entre el público. A fin de cuentas, todo film es un lugar político, por encuentro ciudadano y discusional. En este sentido, la temática de Tierra sublevada: Oro impuro, nos aboca de nuevo a esta tarea, cuyo marco lo ofrecen las películas que Solanas viene desarrollando desde 2004 con Memoria del saqueo.
En Oro impuro se respira algo de incontestable. Es decir, ¿quién podría oponer réplicas que desdigan lo que el film expone? Los recursos minerales son extraídos y robados de modo impune, a través de acuerdos con firmas de ex-presidentes -Carlos Menem, claro, entre ellos- y los votos, recordemos, de la propia ciudadanía. De todas maneras, las explicaciones delirantes existen, y el film nos expone sus rostros. La imagen nos evita la desmemoria.
En apenas noventa minutos, Solanas expone la situación, busca con la cámara los lugares y sus protagonistas, testifica la imposibilidad de ingreso en ámbitos privados, dialoga con la gente, y permite –sobre todo- nuestro ingreso a la discusión: el conocimiento del hecho es básico. El desinterés sobre el cuidado ambiental aflora, justamente, como consecuencia. Y tal vez uno de los testimonios más precisos sea el que señale el dolor que suscita “la indiferencia de la comunidad”.
Baste sintetizar todo lo que el film expone -desde su recorrido por las provincias de San Juan, Tucumán, Catamarca, Salta, La Rioja- en el trazado fronterizo que sufre actualmente la cordillera de los Andes. Un tercer estado donde se hace y se utiliza lo que se desea, sin necesidad de dar explicaciones o de control público alguno. Un disparate que lleva años mientras provoca daños irreversibles. El agua aparece allí como veta a explotar: su uso desmedido para lavar metales, su contaminación consecuente, y su control de cara al futuro.
La imagen del contraste entre la gran empresa que trabaja (enorme, imperial, reluciente) y los restos dejados por quienes ya han hecho lo propio (esqueletos de instalaciones, suelo lastimado, daños irreversibles) es otra de las maneras de demostrar, de forma simple, el argumento irrebatible al que aludíamos.

domingo 4 de octubre de 2009

Traitor (2008, Jeffrey Nachmanoff)


Espionaje y terrorismo de poco vuelo


Traidor
(Traitor)
EE.UU., 2008. Dirección: Jeffrey Nachmanoff. Guión: Jeffrey Nachmanoff, Steve Martin. Fotografía: J. Michael Muro. Música: Mark Kilian. Montaje: Billy Fox. Intérpretes: Don Cheadle, Guy Pearce, Jeff Daniels, Saïd Taghmaoui, Neal McDonough, Alvy Khan. Duración: 114 minutos.


La bendita corrección política genera films, como de costumbre, complacientes y poco complejos. Y ello se nota cuando uno percibe cierto tufillo de prédica aleccionadora o bienpensante. Parecerá una comparación absurda, pero pensemos –por contraste- en un film maestro como La venganza de Ulzana (1972), del gran Robert Aldrich. Cuando la actitud de la época, por aquellos años, acostumbraba dulcificar la mirada sobre el indígena, Aldrich se descarga con una película (de sus mejores) en donde no hay intransigencia y donde la bestialidad anida en el ser humano, cualquiera sea su color de piel.
Todo este prólogo porque, si bien sin indios de por medio, Traidor se inscribe dentro del subgénero, digamos, del espionaje terrorista: células dedicadas a cultivar bombas islámicas que asolen la tranquilidad del hombre blanco. Desde el 11-S, el cine norteamericano no ha parado de mirar, de modo cómplice, el conflicto bélico. El terrorista inundó las pantallas, así como los indios de los westerns, para justificar desde la propaganda el quehacer oficial.
Pero dado el giro político en el escenario de EE.UU., podemos ahora encontrar otros discursos, algo distintos. Allí entonces, por lo general, la corrección política. Porque en Traidor poco hay de complejidad o tematización sino, antes bien, una mirada simplificada. Así como ocurre, también pero peor, en ese fresco de sopor insoportable que es Julie & Julia (2009, Nora Ephron), donde el macarthysmo y el “sueño americano” parecen explicarse desde el contenido de un paquete de manteca.
Podemos pensar Traidor desde la ambigüedad del título: su protagonista es alguien que, aunque ligado al quehacer terrorista, guarda otra historia que contar. Situación a la que arribamos de modo pronto, de forma tal que la ambigüedad desaparece. Porque Samir (Don Cheadle) adquiere este rótulo conforme a los ojos que lo miren, de acuerdo con el color de religión o de bandería política.
En otras palabras: Alá y Dios son la misma creencia, lo que ocurre es que el fanatismo genera monstruos. Aquí es donde podemos encontrar un matiz de mayor interés, más aún cuando descubrimos que uno de los guionistas del film es el cómico Steve Martin, quien nos adentra en una historia que se aleja de su buen humor habitual.
De todas maneras, Traidor no escapa a las frases fáciles, que escupen al hombre blanco atrocidades en nombre de la (su) democracia, así como la duda que experimenta el fanático religioso durante el transcurso de su tarea. Todo muy armado como para que el film asemeje una reflexión que no asume, más lo que significa el poco trabajo que del suspense se realiza. Porque narrativamente, para colmo, Traidor es aburrida.
Será por eso que el film de Aldrich sigue vigente como obra maestra, sin aleccionamientos ni retórica fácil. Rasgos que en Traidor encontramos como síntoma de un cine que ha hecho de ellos una pandemia.

viernes 2 de octubre de 2009

Guía de Rosario Misteriosa (Coop. de Trabajo Animadores de Rosario, 2009)


Ciudad que despierta de noche


Guía de Rosario Misteriosa
Argentina, 2009
Animación de personajes principales: Diego Rolle, Alfredo Piermattei, Germán Malissia, Pablo Rodríguez Jáuregui, Pablo Cirilli.
Fondos: Sol Savoretti.
Música: Fernando Kabusacki.
Voces: Darío Di Meglio.
Composición y edición: Maia Ferro.



Las referencias al mundo de García Ferré las podemos encontrar desde el propio libro: gordo y sabedor. Es más, su voz seria también nos lo recuerda. No sólo a Petete: Calculín, Hijitus, Anteojito, aparecen desde guiños respectivos. Y todo ello como manera de adentrarnos en los misterios de una ciudad tan próxima como lejana en el tiempo. Rosario: un mundo animado por colores nocturnos.
Guía de Rosario Misteriosa es el primer trabajo que surge de la Cooperativa de Trabajo Animadores de Rosario Ltda., consecuencia de la tarea ya referencial que desempeña la Escuela para Animadores –dependiente del Centro Audiovisual Rosario-, que dirige desde hace tres años el realizador Pablo Rodríguez Jáuregui. El proyecto ganó uno de los subsidios del Ministerio de Innovación y Cultura de la Provincia de Santa Fe, fue estrenado durante el reciente Festival Latinoamericano de Video, y conoce ahora otra oportunidad desde una de las pantallas del Complejo de Cines Monumental.
Como decíamos, es un libro grande el que seduce al Inspector Bigotudo, investigador de lo desconocido, quien junto a su “pichichus” viaja a esta ciudad prometida para indagar entre sus brumas. Es así que el film se estructura episódicamente, con distintas piezas que –conforme al arte animado de cada realizador- encuentran su nexo en las correrías del Inspector. La caracterización de Bigotudo, su andar, la voz elegida (el notable Darío Di Meglio), comunican el logro de un personaje definido, capaz de ser recordado por el espectador para una, por qué no, próxima secuela.
Los edificios de Rosario despiertan desde fachadas que miran la noche, vientos inclementes todavía soplan desde tiempos idos, las aguas del Paraná adquieren maneras armónicas que son pura melodía, los fantasmas de tantas pantallas de cine hoy desaparecidas recorren errantes la ciudad (y se dan cita, agreguemos felizmente, en la ya recuperada sala El Cairo), más la música hipnótica de Fernando Kabusacki.
Todo ello nos dibuja una ciudad que vive de otra manera. Porque el film de Jáuregui y compañía es un disfrute. Rosario se transforma y abandona, por fin, los lugares comunes que tanto subrayan tantas otras propuestas. Como si atravesáramos el espejo para dejar de lado el reflejo y jugar a mirar distinto.
Esta travesía se complementa con juegos interactivos y el mapa respectivo. Porque Guía de Rosario Misteriosa está pensada como un proyecto más general, que se orienta a un público espectador comprendido entre los 8 y 12 años. Con posibilidades también áulicas. Y que podrán ser experimentadas por todo espectador, porque con la misma entrada del cine uno también se lleva el DVD del film. Todo por el mismo precio, con la intención de difundir la película y, gracias a las nuevas tecnologías, aumentar su potencial. Para quienes quieran consultar y descargar: www.rosariomisteriosa.com.ar y www.rosariomisteriosa.blogspot.com.

Entrevista a Pablo Rodríguez Jáuregui a propósito del pre-estreno del film: Rosario /12 (13/09/2009)

miércoles 30 de septiembre de 2009

Tim Hamilton: Ray Bradbury's Fahrenheit 451 (Hill and Wang, 2009)


Un mundo sin libros (tampoco historietas)



Ray Bradbury's Fahrenheit 451
The Authorized Adaptation
Tim Hamilton
Introduction by Ray Bradbury

Hill and Wang, July 2009
6 x 9 inches, 160 pages, Full-Color Art Throughout
TP $16,95
Hardcover $30



Publicado en 1953, Fahrenheit 451 ha sido reeditado hasta el cansancio y todavía más. Aquí, en nuestro país, hemos conocido el nombre de Ray Bradbury y de la práctica totalidad de su obra a partir de la tarea monumental, referencial, de Editorial Minotauro. El cuidado de las traducciones, el criterio para la colección y sus títulos, la posibilidad de leer a tantos más: Tolkien, Simak, Corwainer Smith, Lovecraft, Ballard… Minotauro es de un lugar nodal en nuestra biblioteca.

Y Ray Bradbury es el libro que es todos los libros. Porque cualquiera suyo puede ir acompañado de cualquiera otro y en cualquier estante atiborrado. El escritor de El vino del estío dialoga con todos, ama tanto la lectura como la escritura, y nos quiere desde sus páginas: algo que todo lector bradburyano sabe y corrobora.
De modo tal que referirnos a Fahrenheit 451 es hablar un poco de todo esto. También del rango clásico que ha alcanzado en tan corto tiempo. Seguramente por su capacidad de observación social, de mirada humana preocupada, pero sobre todo por su calidad, y calidez, literarias.
Como todos sabemos, en el futuro –inmediato- de Fahrenheit, los bomberos ya no apagan incendios sino que queman libros. Escrito en pleno macarthysmo, el libro de Bradbury alude a la persecución ideológica, teje nexos históricos con la caza de brujas, denuncia los procesos inquisitoriales, y crea una isla de hombre libros (que nuestra lengua confunde, felizmente, con hombres libres) donde atesorarnos, querernos y proyectarnos. La salvaguarda de la humanidad en tomos de piel humana, que recitan historias para los oídos nuevos, que se reinventan para escapar a las bombas prometidas, y que eligen recordar el sudor de la hierba de la mañana desde pies descalzos.
Todo ello, de nuevo y siempre, en cada lectura de Fahrenheit 451.
Recuerdo que en el film homónimo de François Truffaut, de 1966, la lectura permitida consistía en pliegos de papel con cuadritos dibujados, ordenados y mudos. Un periódico de imágenes silentes. Una comic-section como la que acostumbraban los diarios, pero sólo provista de colores vacíos.
A partir de aquí pensar, entonces y como antítesis, la traslación en historieta que Fahrenheit 451 conoce por estos días, obra del dibujante Tim Hamilton, y con asesoramiento y bendición del propio Ray Bradbury. Hamilton señala que lo único que Bradbury le solicitó fue la necesidad de ambientar la historia en el “futuro de 1950”. “Personalmente, creo que [Fahrenheit] es una fábula que puede contarse en cualquier tiempo sin que se asemeje a un futuro distante. Aunque aparece el perro-robot como elemento futurístico, no hay modo alguno de precisar el tiempo histórico”, señala Hamilton (1).
Efectivamente, el futuro del Fahrenheit de Hamilton está en cualquier lado. Es un no-lugar que, sabemos, tiene más aristas perceptibles desde el tiempo que nos toca que desde cualquiera otro. Interactúan con el art-decó y la estética de la vanguardia soviética –influencias reconocidas por el artista- los automóviles grandes circa ’70, los uniformes grises, las casas “Tupperware” (incombustibles), y un predominio tonal cenizo. Los rostros son oscuros, tristes, y aún cuando la adorable Clarisse McClellan baile entre las viñetas su libertad, no atenúa ello el desánimo al que Montag, bombero y antihéroe, sobrevive.
Pero todo ello es, a su vez, el mundo de Bradbury. Es decir, el no-mundo (utópico o distópico) que los ’50 prefiguraban, cuando Marte –decía el escritor- nos había devuelto la imaginación. Su prólogo para el comic lo señala: “Back in 1950”, dice Bradbury de inmediato -de nuevo en 1950-, “un patrullero se detiene, el oficial desciende y nos pregunta qué estamos haciendo. ‘Poner un pie delante de otro’, respondo de manera poco amigable.” Otra vez ese cuento interminable que es El peatón, relato cierto por vivenciado y, sobre todo, por haber sido escrito. Allí, donde un paseante nocturno observa los ojos eléctricos que semejan las ventanas de edificios plagados de televisores. Mismo paseante que piensa este libro asombroso.
Fahrenheit –sea el libro, sea el comic- es, agreguemos, la experiencia dialéctica de Montag: descubrir la risa para saber si la tristeza es verdadera. Allí, quizá, radique uno de los lugares indudables de la obra de Ray Bradbury.


(1) http://graphicnyc.blogspot.com/2009/05/firing-off-with-tim-hamilton.html (consulta 09/2009)